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En el matrimonio, uno debe hablar o comunicarse con su cónyuge lo suficiente como para llevarse bien, tomar decisiones y crecer en la relación matrimonial. Debemos hablar. Sin embargo, cómo y cuándo, y con qué palabras, calidad vocal y disposición lo hacemos, hacen una gran diferencia. También, después de conocer a alguien por un tiempo, bien aprendemos qué tonos, insinuaciones y referencias a cosas pasadas, presentes o futuras, provocarán una respuesta de enojo.

Pocas cosas enojan más a algunas personas que la mención de la palabra “dinero” en la congregación. Después de un servicio de adoración, una dama visiblemente molesta se quejó del pastor: “¡Habló del dinero”! En otra iglesia, aproximadamente en los primeros diez minutos, anunciaron que los feligreses podían enviar un mensaje de texto con su donación ¡en cualquier momento durante el servicio!